Teorías heliocéntricas

La primera teoría heliocéntrica que se conoce es la de Aristarco de Samos (siglo III a. C), que recoge ideas expuestas por Heráclito de Ponto en el siglo anterior. Sugiere que el esquema más simple del movimiento de los astros se obtiene si se sitúa al Sol en el centro del universo. Según esta idea, la Tierra tenía dos tipos de movimientos: la rotación diaria y la traslación anual.

Esta teoría fue desechada frente a la aristotélica porque violaba la inmutabilidad que debía presidir el «corazón del universo». Hubo, además, un certero reproche contra ella: si fuese acertada, la Tierra estaría unas veces más cerca y otras más lejos de ciertas estrellas del fondo estelar, lo que haría que desde determinadas posiciones se vieran como si hubiesen sufrido un desplazamiento sobre el fondo de las estrellas más lejanas. Este fenómeno se llama paralaje estelar.


Teoría heliocéntrica de Copérnico

En 1543 la obra de Nicolás Copérnico (1473-1543) «Seis libros referentes a las revoluciones de las esferas celestes» supuso un vuelco en la historia y desarrollo de la astronomía y de las ciencias en general, así como en las concepciones filosóficas del momento. En esta obra, Copérnico expone en detalle una teoría heliocéntrica que desecha muchos artificios del sistema ptolemaico y retoma la simplicidad de los movimientos planetarios.

Esta teoría postulaba que el Sol se sitúa en el centro del sistema, y que todos los planetas, incluyendo la Tierra, se movían en esferas concéntricas.

En el sistema de Copérnico siguen empleándose, aunque en casos limitados y en menor número, los epiciclos. La ventaja sobre la teoría geocéntrica es que
ahora todos los epiciclos y deferentes giran en el mismo sentido, y sobre todo, que el movimiento retrógrado de los planetas tiene una explicación muy sencilla en este modelo.



Uno de los mayores aciertos de esta teoría fue el establecimiento de los períodos orbitales de los planetas alrededor del Sol, muy aproximados a los que hoy conocemos, así como de las distancias relativas de los planetas al Sol.

La contribución de Galileo

Hubo dos personajes clave no solo en el asentamiento de la teoría heliocéntrica, sino también en el desarrollo de una nueva forma de hacer ciencia: Galileo Galilei (1564-1642) y Johannes Kepler (1571-1630).

Galileo publicó en 1610 el Mensajero celestial, donde recoge sus observaciones a través del telescopio que él mismo había construido:

• Júpiter tiene cuatro planetas (posteriormente, Kepler los bautizaría como «satélites») que giran en torno a él. Esta observación implicaba que la Tierra no era el centro de rotación de todos los cuerpos celestes y rompía con el dogma de los siete cuerpos celestes, aparte de las estrellas fijas, que se suponía constituían el universo.


 
• La superficie lunar no era lisa ni perfectamente esférica, sino que contenía rugosidades, cadenas montañosas y valles. Esto suponía atentar contra la idea dominante de que, salvo la Tierra, los demás cuerpos celestes debían ser perfectamente esféricos y uniformes.

• Las estrellas fijas no parecían aumentar a través del telescopio. Esto implicaba que estaban increíblemente lejos, lo que permitía explicar la ausencia de paralajes observadas.



• La Vía Láctea, cuyo nombre se debe al aspecto lechoso que presenta su rastro en el cielo, estaba compuesta por una infinidad de estrellas indistinguibles a simple vista.



En el año 1632, Galileo publica Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo, obra en la que, entre muchas otras cosas, hace una defensa del sistema copernicano y expone el principio de inercia y la idea de la caída libre de los cuerpos y su independencia de la masa, en contra de las creencias aristotélicas.




Las ideas de Galileo, demasiado osadas en un tiempo que no estaba aún preparado para ellas, le acarrearon numerosos problemas con la Inquisición, que, tras juicios, confinamientos y amenazas de tortura, le forzó a la tan famosa como deshonrosa «abjuración».


1 comentarios:

  1. QUE INFORMACION MAS PEDORRA MADUREN MARICONES SEPAN COMO SON LAS COSAS JUM PIROBOS INVESILES MALPARIDOS ETC.

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